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El Huracán Delta ¡CUIDÉMONOS TODOS!




Francisco Moreno Sánchez / Navegando a ciegas

en REFORMA

Hace 17 meses se detectó el primer caso de infección por el nuevo coronavirus en nuestro país, ese día empezamos la navegación más difícil a la que se ha enfrentado México. Fuimos alertados por aquellos que emprendieron este reto antes de nosotros. Se trataba de algo inesperado, complicado y peligroso; teníamos que llevar el mejor equipo, usar las pruebas como la mejor de las brújulas para poder ubicarnos en el momento y ante los peligros que acechaban.


Desafortunadamente el encargado de la navegación decidió que el "paseo" iba a ser tranquilo, con algunos inconvenientes pero que en poco tiempo llegaríamos a puerto. La falta de pruebas, pruebas y pruebas nos tiene con total incertidumbre. No sabemos cuántos casos ha habido, no sabemos cuántos pasajeros hemos perdido y, lo que es aún peor, estamos en medio del océano sin saber qué es lo que viene.


En las primeras semanas de travesía tuvimos el primer huracán, se perdieron vidas, se tomaron medidas drásticas y se logró llevar a cubierta a la población, difícil mantener encerradas a personas que viven al día, imposible mantener a todos sin moverse. Sin embargo, se encontraron medidas como el cubrebocas, el distanciamiento social, la higiene de manos y la ventilación de espacios como medidas que permitirían poder salir del encierro y vivir con cuidado.


A los pocos meses, llegó el mensaje de esperanza, las vacunas se habían desarrollado a una velocidad extraordinaria, ese pinchazo en tu brazo que evitaría que cayeras al mar y que llegaras a salvo al destino deseado. El problema fue que no éramos el único barco y que los de adelante tenían más recursos para tenerlas antes que nosotros. La tripulación recibió con euforia la primera parte de ese mensaje, llegarían las vacunas. Los motores del barco se apagaron por completo y se dejó a los trabajadores de la salud el remar lo que faltaba ya con la sensación de haber triunfado.


En medio de esa alegría y aún sin haber recibido la primera vacuna, llegó el segundo huracán, con más fuerza porque los pasajeros habían perdido el miedo, estaban cansados de permanecer encerrados, no usaban el salvavidas porque ningún almirante lo hacía. El resultado fue trágico, aún no sabemos cuántas vidas se perdieron en esos tres meses de horror. Donde no había refugio, oxígeno y veíamos caer a nuestros amigos y familiares con la frustración de no poder hacer nada. El grito de todos a cubierta fue tardío, murieron cientos de miles.


Hoy nos encontramos entrando al que puede ser el peor de los huracanes, los remeros estamos cansados, los insumos se han ido terminando, el barco está dañado y las vacunas han logrado proteger a solo una tercera parte de la población y muchos de ellos en forma parcial. El huracán Delta tiene los vientos más fuertes que habíamos enfrentado, es incluso capaz de llevarse a los jóvenes que no habían sido afectados en el trayecto. Por si fuera poco, los vacunados no ayudan a remar, incluso estorban a los que aún ansían la preciada vacuna. Hay incluso quienes prefieren no vacunarse y llevarse en su camino al océano al que se encuentre cercano a él. Las divisiones en el barco aumentan, hay quienes están conscientes del peligro, pero son afectados por los que solo quieren disfrutar el viaje con el pretexto de su juventud, su fortaleza o su vacuna.


La brújula no se usó, ni se usará, a estas alturas es difícil saber en qué parte del océano estamos, cientos de veces se ha gritado el "tierra a la vista", la realidad es que parecen espejismos o mensajes de optimismo. Está claro que los motores no se van a encender porque es demasiado gasto para este barco. Los trabajadores de la salud no podemos solos, necesitamos que nos ayuden a remar, ahorita que estamos entrando al mayor peligro de todo el viaje. Necesitamos que la tripulación permita que todos los sectores ayuden a vacunar y proteger a los pasajeros, independientemente de la edad. Las vacunas sí ayudan a evitar enfermarse y morir, pero los vacunados tienen que ser solidarios con los demás y mantener las medidas de prevención.


Ha llegado el momento en donde o nos unimos todos y remamos hacia un sitio seguro o seremos embestidos nuevamente. Después de un viaje tan largo, todos estamos cansados, enojados y frustrados. Hagamos lo que no hemos podido hacer durante todos estos meses, trabajar juntos, cuidarnos los unos a los otros, olvidarnos de las divisiones y dejar de ver si el de al lado lo hace bien o lo hace mal. Seamos responsables del trabajo que nos toca a cada quien. Las próximas semanas habrá tempestad, de todos depende la magnitud de la tragedia.


El autor es Médico Internista e Infectólogo de México.


@DrPacoMoreno1

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