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Te escucho (1era parte)


Trabajo en una radio, soy la conductora del programa : “Te escucho”.

Hace dos años. ¡Me gusta, sobre todo si puedo ser útil! Hay más dolores, en el alma, que en el cuerpo. Sobre todo, la intolerancia, que no soporta el cambio, y acaba en depresión.

Yo ahora, soltera. Mi nombre es Creta. Sólo un año de matrimonio, me engañó, y me divorcié. Pero, felizmente, luego lo superé.

Me fui al extranjero, a París, donde conocí, en un café, a una francesita muy bonita, y fue la misma historia que la mía. A ella, su esposo la engañó y fue con su niñera. Y así sola, con una criatura de dos años, tuvo que criarlo sola, y sin dinero. Ahora estaba de mesera, y trabajaba mucho, pero agradecía, que recibía buenos propinas de los clientes.

Me pregunto : ¿Pero, por qué se termina el amor? El respeto y fidelidad que prometimos al casarnos. Tanto por analizar, yo no estudié psicología, pero leía muchos libros, diversos textos, que vas desarrollando, en tantos temas, en el transcurso de la vida, y de nuestro tiempo. El alma, ese espíritu invisible, que penetra en tu existencia, en nuestro sentir y en esperanza.

Ahora, tengo otra llamada…

Aló…

Si buenos días. ¿ Quien habla?

Mi nombre es Alfred Brinston.

¿ En qué lo puedo servir?

Tengo un grave problema.

¿ Cuál es?

Estoy arruinado. Mi socio me engañó, y me robó, todo el dinero, de una inversión inmobiliaria. Estoy al borde de volverme loco.

¡Tranquilícese no lo creo! Si usted está llamando, es que está consciente, para ver cómo solucionar el problema.Yo no sé nada de esto, usted se ha equivocado al llamar.

¡Si usted es la voz amiga de los oyentes, cuando a veces la escucho en la radio!

Hago lo que puedo, si está a mi alcance. Pero, ahora estoy en un dilema, no sé cómo ayudarlo.

¡Es que es largo de contar! Si no fuera molestia, de poder reunirnos en un café.

Pero es que estoy trabajando.

Por favor, necesito que me escuche.

Pero, ahora imposible.

Entonces mañana, a las 5pm en el café de Bernabé.

¡Tengo que cortar, tengo otra llamada!

Gracias.

¡Y colgué! Ahora, sí que he hecho, ni sé quien es este señor. ¡Por qué lo acepté!

Aló, aló.

Sí digame. ¿Cuál es su problema?

Como todos los días, de dos a cinco de la tarde.

Bueno, ya estoy en el café. Pero, no lo veo, ni distingo. ¿Pero a quien busco, si no es como es? Y el tampoco me conoce. Sólo por mi voz.

Y a la media hora, por la puerta principal, entró un señor, alto, guapo. Pero por Dios, que mirada tan penetrante, quizá es él, se anda acercando a las mesas, preguntando. Hasta que se acercó a mi mesa.

¿Usted es Creta?

Y usted Alfred.

Continuará…

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