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Te escucho (2nda parte)


Alfred y Creta se encontraron en una cita a ciegas, y aunque ella lo niega, ha quedado impresionada por el desesperado Alfred quien retrasado continúa con la conversación:

-Creta, disculpe la tardanza, el tráfico está terrible, y mi coche, no encontré lugar donde estacionar. ¿Desea tomar un café, un jugo?

-Un café , gracias. Aunque a esta hora, no puedo, me desvela, un jugo por favor.

-Bueno, ya estamos aquí señor.

-Por favor dígame Alfred.

-Está bien, yo la estaré llamando Creta. Sabe estoy tan desconcertado, me paso las noches sin dormir, y los abogados, sólo me piden dinero, y no avanzamos nada en absoluto.

-Lo primero le diría que se tranquilice. Los nervios no conducen a nada bueno. ¿Usted no es pariente de un señor Cristian Brinston?

-Si, era mi abuelo.

-Salió en el periódico, que tenía una colección inmensa, de cuadros de pintores, muy destacados y valiosos.

-Así es .

-¿Y dónde están?

-Dicen que, los donó a una iglesia.

-Pero, no eran de carácter religioso.

-¡Así, es cuanto sabe!

-Me gusta mucho la pintura.

-Yo vi uno de sus cuadros en una exposición.

-¡Sabes; esos cuadros, deben valer una fortuna!

-Claro, se los dio al Padre Fortunato.

- ¿Y por qué?

-No sé.

-Me pregunto, si estará vivo.

-Creo que sí. Era muy jovencito.

-¿Y tus hermanos?

-No tengo. Mis padres sólo tuvieron un hijo.

-Sabes, busca a ese padre, si está en la misma iglesia. Conversa con él, y cerciórate en donde están los cuadros.

-¿Pero, para qué, quiero yo saber?

-¿No, sabes si los cuadros, los vendió?

-Ya veremos; que se puede hacer.

-Pero me estas dejando en duda.

-Cosas que no me atañen, ojalá esté equivocada.

-Sabes, debo ya retirarme. Mañana tengo mucho trabajo.

-No sabes el gusto, que me ha dado conocerte. ¡Tienes un don, un carisma!

-¡Ni, que me lo fuera creer!

-Hasta luego Alfred.

-Hasta luego Creta.

-Esta vez, no me dio la mano. Y me besó en la mejilla.

-Pasaron los días, y otra llamada en la radio.

-Aló…

-¡Soy yo Creta!

-¡Hola Alfred! ¿ Cuéntame, que novedades me tienes?

-Vi al Padre. Está en la misma iglesia. Le pregunté, lo que me dijiste; dice que lo único que se acuerda, es que en un altillo de la iglesia; llevaron unos inmensos cuadros tan grandes, que no pasaban casi por la puerta. Esos lienzos, estaban tapados, y forrados con telas muy gruesas. Dice que las llaves, se le extraviaron. Ahora estoy pensando como tu. Esos cuadros me pertenecen. Dice el padre que mi abuelo, se los dio para que los guardara, porque sentía, el temor que los fueran a robar. Pero al poco tiempo, falleció y nada más se supo.

-¿Y ahora, que hacemos?

-¿Por qué yo?

-Es que, ahora tu eres mi aliada.

-Yo no tengo nada que ver. Ya te ayude. Ahora es cuestión tuya. Cómo te desempeñas en este rompecabezas.

-Ahora, se cambiaron los papeles. Con llaves o sin ellas, a ver qué pasa, en ese cuarto. Debe ser inmenso; por tantos cuadros. Debes ir por un cerrajero y que rompa el candado de la puerta.

-Entonces mi amada Creta, eres lo máximo, me acompañarás.

-Está bien, pero no me gustan los halagos.

Fuimos a la iglesia, ahí estaba el padre Fortunato, gordito y risueño.

-¡ Pasen, pasen!

Y el cerrajero, rompió el candado de la puerta.

Al abrir un cuarto oscuro, con inmensas ventanas, unas de vitrales tan antiguos; entrando un aire por las rendijas, y el olor de la humedad. Felizmente el padre, trajo linternas; allí estaban los lienzos. Con temor, abrimos uno y dos. ¡ Como se habían conservado con tantos años! Seguro les habían colocado unos productos especiales para conservarlos tan intactos.

-¡Padre gracias!

-¡Estarán en buenas manos!

-¡Padre, lo que usted necesite para su iglesia, hágamelo saber!

-Ya veremos hijo. Por lo pronto, resuelve tu problema es lo más importante.

¡Creta, Creta!

¡Y la abrazó!

Vamos te llevaré a tu casa.

Bueno, gracias.

¿ Quieres pasar? Y te preparo un cappucinno.

¿Sabes prepararlo?

¿Acaso, no percibes en mi el acento italiano?

Claro, ahora comprendo tu amor al arte. Es un país de poesía y música.

Me gusta tu departamento tienes buen gusto. ¿ Vives sola?

No. ¿No escuchas los ladridos? Son dos perros braccos. Cada vez que sienten voces; no dejan de ladrar.

No sé nada de ti.

Un fracaso matrimonial, que ya lo superé.

¿ Y tu?

Yo soltero viajero. Como ves lleno de deudas.

Eso ya pasó.

Debo felicitarte, el cappuccino es el mejor que he tomado en mi vida.

¡ Mentiroso!

Y ahora, tienes mucho trabajo por delante.

Esto te lo debo a ti.

Estas equivocado, es la providencia divina. Estabas en lo justo, es tu herencia. ¡Tus cuadros son valiosos! Y ahora, los sabrás administrar y pagar tus deudas.

Gracias Creta.

Y la besó. Pero esta vez, fue en la boca.

Y ella, le dio una bofetada.

Continuará...

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